Deseo desde la educación

“No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.”

Albert Einstein

Suena la alarma. Abren los ojos con un poco de resistencia, y ven la hora. Son las 4:00am, o cualquier hora previa a la salida del sol, respiran profundamente, estiran su cuerpo lo que permita la movilidad en la cama, y se levantan. Particularmente imagino una sinfonía de alarmas, y ruidos caseros que se hacen al empezar a preparar la rutina diaria. Los que deciden asomarse por la ventana, avistan la coreografía no programada del encendido de luces de las casas vecinas que los rodean. Cual conducta primitiva que hace un ritual, empiezan la mañana montando el café (aquellos que lo beben imperativamente durante el rito mañanero), luego encender el calentador de agua, o calentar el agua para bañarse con un tobo (cubeta), dependiendo de las condiciones. Sacar la ropa seleccionada la noche anterior, y dejar todo preparado para después de la ducha. Queda un retazo de sueño, con el cual hay que batallar para no entorpecer la mañana. Hacer un repaso mental de todas las actividades del día mientras se enteran de las noticias por cualquiera de los medios que más les atraiga, desde la radio, pasando por la tv, llegando a las más usadas hoy día, las redes sociales. Ver en las noticias que la situación parece agravarse cada vez más, y llenarse de incertidumbre para, aún así, agarrar las llaves, los bolsos en cantidades incontables, y tomar rumbo al lugar de trabajo. No importa dónde vivan, ni a qué se dediquen, es una rutina que no discrimina a ningún ciudadano. Sea en vehículo particular o transporte público su medio de transporte, observan diariamente que son cientos de personas que se acompañan sin mezclarse. Dubidativos, pensativos, viajan como si se tratara del último día de la vida. Pareciera que no les gusta en realidad lo que hacen; pudiera decir que están casi ergofóbicos. Dormir horas reducidas da a pensar que nos gusta lo que hacemos o, quizás, que huimos de pertenecer a la llamada “hora pico”. Conductas observables que se prestan como campo de investigación para sociólogos, psicólogos, educadores, antropólogos, entre otros, como economistas e ingenieros. Empero, las gríngolas de la crisis socio-político-económica tampoco discriminan, y obligan a estos expertos a dedicar su tiempo para subsistir en una sociedad que ha perdido la dirección correcta de la conciencia ciudadana.

sociedad-agobiada-rutinaViajan agobiados y egoístas. Perdidos en los pensamientos intangibles, los adultos dejan a un lado la existencia de los más jóvenes quiénes, como esponjas nuevas, absorben todo lo que observan y lo convierten en su conducta aprendida por imitación. Al final, son jóvenes sin voz ni voto; que se dediquen únicamente a estudiar. Ellos, eventualmente, empezarán la vida adulta más temprano que tarde, y cuando ya hayan crecido, serán otros seres egoístas. La obligación se apodera de la rutina, y los colores de los amaneceres ya pierden sentido. Sólo desean que sea viernes nuevamente. La deuterofobia toma fuerzas, y el lunes se convierte en el día que, al parecer, trae desgracias: iniciar nuevamente la semana laboral o de estudios. Tenerle miedo o asco al lunes sólo por ser lunes. La fecha de los lunes varía, y aún así sigue siendo lunes. Quizás Jorge Luis Borges huía de la deuterofobia, por la tanto empezó a refutar el tiempo. Me atrevo a culpar al sistema educativo: todo lo que está sucediendo es por sólo haber enseñado a leer y resolver operaciones lógico numéricas, y no enseñar a leer el mundo, como una vez lo propuso Paulo Freire, pedagogo brasileño quien falleció ya hace veinte años. De nada sirve aprender tantas materias que nos hace seres integrales si no sabemos aplicarlo a la realidad, a leer el mundo con el conocimiento. Cabe agregar que docentes en España ya han dado el paso osado de proponer la educación emocional. “Cuando llegan a la vida adulta, tienen dificultades para adaptarse al entorno, tanto laboral como de relaciones personales” dice Rafael Guerrero, profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Como adultos tenemos que recordar que somos ejemplo para los más jóvenes. “No soy un completo inútil. Por lo menos sirvo de mal ejemplo” decían entre risas Les Luthiers en sus sátiras de crítica social que empezaron a hacer en la década de 1970. La idea de súper héroe no es tan descabellada; nos falta el disfraz, el alter-ego, y unos aliados de poca cordura que se unan al equipo. Los jóvenes les encanta imitarnos en los momentos que no los estamos viendo.

No seamos malos ejemplos. No frustremos a aquellos que se encargarán de continuar viviendo en el mundo que les estamos dejando. Mi deseo, a través de la educación, es hacer que la pasión de ser inmortal de la etapa adolescente continúe hacia la etapa de adultez. La vida nos pertenece por un tiempo indefinido pero finito, donde podemos crear de la ilusión grandes proyectos que mejoren la calidad de convivencia. Que no sea un qué hacemos, ni un cómo lo hacemos, sino un por qué lo hacemos. Muchas cosas se nos escapan de nuestras manos, pero en la formación de las bases se empiezan a corregir las grietas de las columnas que sostienen nuestra sociedad e idiosincrasia. En Turquía dicen “El que no da un oficio a su hijo, le enseña a ser ladrón”. Reeduquemos los valores. No es justo que hayamos destruido la moral y las luces que debían ser nuestras primeras necesidades. Dejemos de reírnos de la honestidad, con ella hagamos las cosas que en realidad conocemos. Es una propuesta que se ofrece para cambios a largo plazo, porque no es una propuesta para quiénes ya no somos adolescentes. Enseñemos a los más jóvenes a disfrutar de la vida, y no a preocuparse por ella.


Referencias:

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