Descripción del docente del siglo XXI

“Luego de milenios que han transcurrido desde el inicio de la civilización, es pertinente que nos preguntemos sobre los aciertos, desaciertos, amenazas, riesgos y retos de la educación durante lo que resta del siglo y de los tiempos por venir.”

Dr. José Gerardo Guarisma Álvarez

Al buscar en un gran libro de repertorio de palabras ordenadas alfabéticamente, un diccionario, la palabra docente tiene definiciones sencillas. Algunas otras palabras cuentan, incluso, con ejemplos en contextos diferentes para entender el uso adecuado de la palabra. Tomemos como cita la definición de “docente” del Diccionario de la Real Academia Española: Del latín docens, -entis, participio activo de docēre ‘enseñar’. 1.) adj. Que enseña. 2.) adj. Perteneciente o relativo a la enseñanza. Bastante simple, y corto para lo que es en realidad un docente. La simplicidad no tiene porqué ser una enemiga en la vida. Sin embargo, la docencia es caracterizada por ser una profesión que “cualquiera puede hacer”. A pesar de que se le empieza a dar reconocimiento como movimiento histórico en el siglo XIX, cuando la educación era elitista, la docencia es una de las profesiones de mayor trayectoria en la raza humana. Desde la transferencia de conocimiento de las generaciones mayores a los más jóvenes para seguir preservando el conocimiento de sobrevivencia en los nómadas, hasta los filósofos de la antigua Grecia dónde profesaban sus ideologías. Trayectoria que no parece explicarse en ningún libro de historia, y hace la investigación un poco rigurosa, aún así, productiva. En Venezuela, la docencia actualmente es una de esas carreras que no se escoge por querer, sino porque ya no quedan más opciones que estudiar. Es como si no requiriese tanta exigencia como medicina, ingeniería, o cualquier otra con alto nivel académico. Si queremos una educación de calidad, necesitamos docentes de calidad; ergo, la docencia debe ser una de las carreras con mayor exigencia para ingresar a ella, y así lograr mejores profesionales en el área. En Finlandia, uno de los países con mejor éxito educativo, este éxito se debe a que los docentes son valorados en la sociedad debido al alto nivel de conocimiento que tienen, y su preparación es tan o más exigente que carreras relacionadas a la medicina o la ingeniería. En Venezuela, más allá de la preparación del docente, hay que revisar la realidad, y se deben formar docentes que enseñen a los más jóvenes a enfrentar el día a día al salir de la institución educativa. Para proteger el conocimiento los docentes necesitan:

Ser valientes

Enseñar no es únicamente entrar a un salón de clases y dictar una clase magistral. Cualquiera que sea el ámbito educativo, el docente debe ser valiente y estar seguro de que sus acciones serán las correctas para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea casi perfecto. No temer a la ignorancia, pues los docentes no lo sabemos todo de momento, y tenemos que llenarnos de valor para aprender a decir: no lo sé. No somos máquinas de conocimiento, pero podemos enseñar cosas nuevas que estén a nuestro alcance sin miedo a que nos juzguen.

Educar en tiempos de adversidad

¿Se han detenido a leer las noticias nacionales e internacionales? Pareciera que ya no es la teoría del caos, sino su práctica. Si hacemos una breve pausa en pensar en todas las cosas que están sucediendo, podríamos llegar a reflexionar que necesitamos bajar la velocidad del ritmo de vida que hemos adoptado desde inicio de este siglo. Tecnología, petróleo, religión, extinción; de todo ha estado pasando en pocos años que lleva este siglo. Los docentes tenemos que saber canalizar las emociones para que el salón de clases sea un escape hacia el conocimiento, y ver en la educación la verdadera razón para continuar nuestra visita por el planeta.

Evitar el conservadurismo

Siendo docentes o no, tenemos que entender que el tiempo trae cambios. No podemos pretender seguir dando clases en un aula pidiéndole a los estudiantes que se comporten como androides; robots con forma humana y sin emoción alguna, sin malinterpretar ésto como una falta de disciplina. Las normas tienen que enseñarse para aprender a valorar la ley. La formación tiene que ir de la mano con la realidad. Preguntarse si es necesario lo que están enseñando, el para qué sirve, dónde lo pueden aplicar. El sistema educativo venezolano es obsoleto, y su intento de reforma sigue cayendo en el círculo vicioso del docente de aula como un policía que cuida las pruebas estandarizadas diseñadas en el siglo XX. Vuelvo a citar a Sir Ken Robinson “no necesitamos una reforma educativa, sino una revolución en la educación”. Nosotros los docentes tenemos que ser los primeros en estar dispuestos a un cambio, y para lograrlo hay que estar dispuestos a aprender cosas nuevas, aplicar nuevas estrategias, y buscar el equilibrio dónde la realidad no esté tan alejada de las instituciones educativas.

Por años se ha menospreciado la carrera docente. No se trata de hacerla la carrera mejor pagada, pero sí volver a recuperar el respeto hacia los que día a día, incansablemente, dedican su tiempo a transmitir el conocimiento. Al entrar al aula de clases dejo de ser un adulto, y empiezo a ser un adolescente quien comparte el conocimiento como si fuese una historia nueva que contar todos los días. El aula es el lugar que he conseguido para moldear personas, no para mis propósitos específicos, pero sí para que ellos puedan alcanzar con éxito las metas que se propongan.


Referencias:

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