Carta a un compañero de trabajo: Educar en la adversidad

“Es con los niños con los que tenemos la mejor oportunidad de estudiar el desarrollo del conocimiento lógico, el conocimiento matemático, el conocimiento físico, y así sucesivamente”

Jean Piaget

Estimado compañero de trabajo, y demás docentes, quiero que me permitan la oportunidad de dirigirles esta carta curiosa por saber qué nos está pasando como sociedad. Me dirijo a los docentes, pero esta carta también está dirigida a los padres, hijos, estudiantes. A todos los que nos preocupa nuestra realidad actual.


Colega, te escuché decir que ya no sabías cuál era la verdadera razón para continuar educando. Me sorprendió bastante escuchar esas palabras de ti, pues eres un docente de vasta experiencia. Es imposible juzgarte porque los docentes vivimos una situación precaria, siendo menospreciados por la sociedad. Vivimos en un mundo que no para de evolucionar, donde tenemos que adaptarnos constantemente a nuevos estilos de vida, nuevas formas de expresión, y una nueva, a veces abstracta, estructura de pensamiento. Ciertamente nuestro trabajo pareciera estar más cuesta arriba, y más cuando no contamos con las políticas educativas necesarias para ajustarlas a la realidad. Sin embargo, estimado colega, es nuestro trabajo aceptar el cambio, y dejar el conservadurismo a un lado. Tenemos que innovar y adaptarnos a los nuevos procesos de enseñanza-aprendizaje que requiere nuestra sociedad. Todo ciudadano es íntegro cuando pasa por nuestro modelo y formación.


Educar en tiempos adversos, donde atravesamos una de las peores crisis que ha tocado al país, es una labor ardua que nos golpea a diario en la cara con un derechazo que dice en sus nudillos “renuncia”. No obstante, somos nosotros quiénes tenemos las herramientas necesarias para reconstruir las bases de la sociedad. Aunque nos encontremos en el siglo XXI, a inicios del siglo XX, por allá entre 1900 y 1917, en Francia se vivía una crisis desintegradora, de reestructuración social, como nunca antes lo había vivido el país europeo. Ese contexto histórico llevó a un sociólogo, Émile Durkheim, a escribir teorías sociológicas necesarias para la reconstrucción de la sociedad desde la educación. No es casualidad que los franceses pasaban por una crisis económica, lucha de clases, tasas altas de suicidio y ausencia de valores. Durkheim, en su contexto histórico, insistía que el hombre que la educación debía formar dentro de nosotros no era el hombre tal como la naturaleza lo había creado, sino como la sociedad quería que fuese. Ha pasado un siglo desde la observación de Durkheim y su contexto histórico, y todavía su teoría es aplicable. Vale acotar que no es la misma realidad, pero coincidimos en que atravesamos la ausencia de valores, la crisis económica, y una incertidumbre constante. Debemos actuar de inmediato para que no sea esta sociedad la formadora de nuevos ciudadanos. Serían la antítesis de lo que necesitamos para surgir.


Es verdad, no podemos tapar el sol con un dedo. Estimado colega, la realidad nos toca a todos, al menos que no la queramos aceptar. No obstante, me gustaría presentarte ideas diferentes en vez de hablarte más de lo mismo. Se logra más haciendo, que hablando. Con nuestro accionar diario, nuestro ejercicio docente, estamos demostrándole a los más jóvenes que es desde ahí, desde el núcleo de toda sociedad, que tenemos que partir. Diría Fernando Savater que ellos, los jóvenes, necesitan modelos no accidentales sino, más bien, modelos intencionales a seguir, y esto se debe a que todo en la sociedad humana “tiene una intención decididamente pedagógica”, afirma Savater. Y es que en el día a día podemos notar la capacidad de observación que tienen los alumnos con los docentes. Nos conocen todas las mañas, los defectos, y admiran nuestras mejores virtudes. Querido colega, tenemos la oportunidad de trabajar a favor de nuestra historia. Estamos en el lugar indicado, en el momento indicado. Debemos iniciar la conversión educativa. Paulo Freire afirma que la educación “es una práctica de la libertad dirigida hacia la realidad, a la que no teme; más bien busca transformarla, por solidaridad, por espíritu fraternal”.


Es que en definitiva, colega, tenemos las herramientas y el recurso humano, nuestros alumnos, para desarrollar el conocimiento aplicable necesario para nuestra sociedad. Es por ellos, y con ellos, que existen razones para continuar educando.


Referencias:

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