El Futuro es para ellos

“… No tengo instintos represores. Pero si alguien los tiene, podrá en cada caso encontrar los elementos de juicio, formarse una idea más completa del problema y dejarse llevar por su temperamento o sus ideas. Mi interés fundamental ha sido aclarar cada problema.”

Angel Rosenblat

La vida misma es una escuela donde aprendemos en un gran aula que compartimos a diario los habitantes del planeta. En la vida aprendemos por decisión, o por omisión del conocimiento. Los profesores de vida van variando según el contexto, y así como en la vida, pasa en la educación desde sus inicios. Cuando ya es momento, se deja al niño en un lugar ajeno y desconocido para él: el preescolar. Si han visto la reacción de la mayoría de los niños en su primer día de escuela en educación inicial, sabrán que lloran porque sus padres los están “abandonando” con seres desconocidos. Intentemos imaginar por un momento esa sensación y adaptémosla a nuestra edad actual, sea cual sea que tengan. Llegar a un lugar nuevo donde no conocen a nadie, y aún así hay personas dispuestas a regalarte una sonrisa sin razón alguna. Sólo te reciben de brazos abiertos, y te dan la bienvenida. Miras atrás, y todavía te sientes extrañado de que estás llegando a un lugar nuevo, y no entiendes las intenciones de tanta amabilidad de la persona que te sonríe, te calma, te ayuda. Para nosotros es simplemente cortesía. Para un niño de tres o cuatro años de edad, quién aún no sabe de cortesía, es el peor día de su vida hasta ese momento. “Papá y mamá también están afuera con los ojos por estallar de llanto ¿Por qué me han dejado acá?” Es lo que siempre imagino que piensa un niño en su primer día de preescolar. Luego hago empatía con la maestra quien recibe al niño, y no quiero estar en su lugar donde al menos diez niños están llorando por la misma razón: sus padres han osado a dejarlos ahí con personas extrañas. La docencia es un trabajo arduo desde los primeros niveles. Tener una paciencia intacta, la disposición a asistir cualquier eventualidad, incluso convertirse en un ser más de la familia para cada uno de los estudiantes. La docencia desde los primeros niveles es un trabajo fundamental para la formación integral de cada persona que pasa por ahí. Dijo Daniel Pennac, escritor francés nacido en Marruecos, “Siempre he pensado que la escuela la hacen, en primer lugar, los profesores”.


Ciertamente los pilares fundamentales de una institución educativa son los profesores. Sin embargo, hay docentes que se niegan a cambiar. Docentes que están apegados a métodos con los que enseñaron a sus primeros estudiantes hace más de veinte años. Los estudiantes hoy en día tienen una estructura de pensamiento totalmente diferente, incluso, diferente a estudiantes que se graduaron hace no más de cinco años. Es que en la educación existe una especie de contradicción, al querer seguir enseñando a través del patrón colonial. Por contexto histórico podríamos decir que necesitamos nuevos Simón Rodríguez y Andrés Bello, quiénes dedicaban su vocación docente a formar ciudadanos para la convivencia republicana, e instaurar la cultura como un instrumento revolucionario. Para ese momento no es que se les hizo fácil, es que tuvieron la historia muy a su favor. Regresemos al siglo XXI donde existe una revolución tecnológica. Todos los días existen creaciones nuevas que parecieran facilitarle la vida a todos por igual, o eso pareciera ser. Los niños, que en su primer día de escuela se quedan llorando, ya tienen contacto con dispositivos tecnológicos, sean los de última generación o uno de los más sencillos para fácil acceso económico. Hagamos un ejercicio de memoria. Hace menos de diez años empezó el “boom” de los teléfonos inteligentes. Estos teléfonos llegaron a la mano de los estudiantes, y con ésto, nuevas políticas internas en las instituciones educativas: prohibir el uso del teléfono en horas de clases; la institución no se hace responsable por el daño o pérdida del dispositivo. Como docentes tenemos que adaptarnos al cambio; ser parte de él. No en todas las instituciones educativas los estudiantes tienen los últimos teléfonos inteligentes, y su uso dentro del salón de clases puede ser una ventaja como herramienta de trabajo. Los docentes tenemos que empezar a abrirnos a nuevas formas de enseñanza, y así no pensar en la resurrección de los grandes maestros Simón Rodríguez y Andrés Bello.


educacion-futuroLa educación está pasando por un momento crítico debido a su obsolescencia, y urge la atención de todos como Estado venezolano. No podemos seguir siendo egoístas y mirar nada más a lo que nos afecta directamente. Resalto que somos responsables de formar el futuro de Venezuela, y no podemos quedarnos de brazos cruzados a que exista una reforma educativa. Tenemos en nuestras manos, seamos docentes o no, una gran responsabilidad para que esos niños, quienes se quedan llorando en su primer día de clases, sean los futuros profesionales que quieran ser. El aprendizaje es como la corriente de un río que abunda en agua, pero no siempre es la misma. De esto se trata aprender. Es ahora cuando tenemos este nuevo contexto histórico de dificultades y oportunidades dónde tenemos que pisar fuerte y seguro, para caminar hacia la misma dirección. Tomo prestada las palabras de Angel Rosenblat y las adapto diciendo: Mi interés fundamental es aclarar el problema de la educación en Venezuela. Está en ti, o en usted, estimado lector, pensar en qué puede hacer para colaborar de ahora en adelante. Ya no se trata de nosotros, se trata de quiénes vivirán en este espacio cuando ya no estemos.


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