De la calidad educativa

“Los Dogmas del pasado sereno no concuerdan con el presente tormentoso. La ocasión está repleta de dificultades, y nosotros debemos crecer con la ocasión. Como nuestro caso es nuevo entonces tenemos que pensar de una nueva manera y actuar de una nueva manera. Debemos desencantarnos de nosotros mismos, y así podremos salvar a nuestro país.”
Abraham Lincoln. Mensaje anual al congreso. 1 de Diciembre de 1862

La docencia me ha enseñado a escuchar atentamente al “cuando sea grande, quiero ser”. He notado, y con mucha preocupación, que el deseo de cada niño va variando con el pasar de los años. Un día quieren ser veterinarios porquecalidad-educativa-infancia-felicidad se imaginan a sí mismos curando a su animal favorito, al día siguiente músicos y piden de regalo de navidad un instrumento musical; sueñan despiertos a querer ser como la persona famosa que admiran de la televisión, y todo esto pasa sin aprovecharse ninguno de esos deseos para empezar a desarrollarlos y convertirlos en realidades. También sucede con muchos otros niños que, al expresar sus deseos, los adultos los frustran diciéndoles qué hacer, y hasta les eligen qué carrera deben estudiar porque “¡en esta casa mando yo!”, o por hiperpaternidad; padres que, obsesivamente, buscan la excelencia de sus hijos. Con esta premisa es difícil decir “la educación empieza por casa”. Quizás deberíamos empezar por preguntarnos “¿dónde empieza la educación?“, y muy probablemente se convierta en la nueva pregunta “¿quién fue primero, la gallina o el huevo?” al referirnos al origen de tan ardua labor como educar. Muchas personas coinciden que la educación empieza en la familia. La integración de los principios que nos permite orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas debe empezar donde pasamos mayor parte del tiempo antes de pisar una institución educativa: el hogar. No obstante, con el ritmo veloz que llevan los nuevos estilos de vida, los valores que deben venir de casa se están perdiendo en una nueva forma de disfuncionalidad familiar. La tarea de reforzar valores se está convirtiendo en insertar valores desde la institución educativa. Aún así, a los docentes se nos otorga la oportunidad de fortalecer los valores en el ser humano en crecimiento, además de poder estar más cerca del núcleo de la formación integral, y orientarlos con diferentes alternativas de lo que quieren para su vida en un futuro. Mientras todo esto sucede, la educación sigue sufriendo un proceso cuantitativo y no cualitativo. Preocupa en demasía que todavía se siga tomando en cuenta la capacidad de sumar, restar, dividir y multiplicar, en vez de medir los diferentes tipos de inteligencia. José Ingenieros, en su libro “El Hombre Mediocre” (1913), expresa “Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor”.


La preocupación por la educación no es únicamente en nuestro país. Existe una importante cantidad de profesionales a nivel mundial que observan y analizan que la educación debe fungir para el futuro de todas las naciones, y las inversiones económicas se están desviando en descubrimientos quizás superfluos. Ésto sin apartar la importancia y el papel que empieza a jugar la tecnología en la educación, cuando no en todos los lugares existe la última tecnología. Entonces, es dónde encontramos que hay algo más importante que la tecnología, y es el recurso humano: el docente. Para lograr una educación de calidad, necesitamos profesores con ideales. La vocación, sumada a la pasión y el deseo de aprender constantemente, es lo que requiere cada docente en su etapa activa dentro del aula.  Un personaje muy singular por su historia, y ligado indirectamente a la educación, me llamó la atención que en una conferencia (TED talk) haya expresado que la calidad de la educación se encuentre en la calidad de los docentes. Muy curiosamente, este personaje abandonó la universidad para continuar con sus proyectos personales: William Henry Gates III, o mejor conocido como Bill Gates, creador de Microsoft. Para el 2010, Gates observó y analizó estadísticamente que, por dos años consecutivos, los profesores estaban 10% por encima del promedio, y eso se veía en la calidad de profesionales que estaban obteniendo para esa entonces en Estados Unidos. Al parecer, es algo simple en números, y en práctica: mantener a esos profesores de alta calidad, y no dejarlos ir. Considerando el análisis de Gates, y comparándolo con nuestra realidad país, el docente de calidad está abandonando la práctica profesional educativa por el escaso beneficio económico que brinda la carrera. Aunado a ésto, la clasificación por escalafón que rige evalúa a cada docente por la cantidad de tiempo, cantidad de experiencia, cantidad de credenciales, dejando a un lado la calidad del proceso de enseñanza. La deserción escolar está volviendo a ser común, y es que el sistema educativo no está ofreciendo nada nuevo y de interés a los estudiantes. Está en los docentes comprometer a los estudiantes con el proceso de enseñanza aprendizaje, debido que ellos no quieren estar sentados en un salón de clases aprendiendo por obligación y no por compromiso con ellos mismos.


La médula de la educación, la espina dorsal de la sociedad, está sufriendo las consecuencias de la mala postura por años. El talento en el recurso humano se encuentra turbio como el agua que cae de una cascada, sin encontrar la claridad al seguir la corriente. Muchas personas están enfrascadas en un ritmo de vida dónde no están explotando su verdadero potencial. En la educación, podemos encontrar docentes que no quieren serlo, escasos de vocación para estar dentro de un aula de clases, pero fueron ellos quiénes llegaron al contexto educativo porque fue la primera carrera que lograron estudiar. Al tener docentes que no quieren estar en un aula de clases, el primer mensaje que recibe el discente es que tampoco él debería estar en ese lugar. Sir Ken Robinson, británico experto en educación, en una de sus conferencias expresó que lo esencial para cualquier profesión está en la pasión con la que se hace. Un docente con pasión puede lograr que los estudiantes quieran estar presentes en todas sus clases, debido a que contagia a los estudiantes con ganas de aprender. “En muchos países, los sistemas educativos están pasando por procesos de reforma. La educación no necesita ser reformada. No se puede innovar algo que ya perdió vigencia. Se necesita revolución educativa. Convertir la educación en algo más de lo que ya viene siendo” (2010). Transformar la educación en Venezuela, un país de docentes conservadores que pretenden seguir evaluando por pruebas objetivas, con selección simple, desarrollo de ideas aprendidas de memorias, no es una tarea fácil. La obsolescencia educativa se está arrastrando como una anaconda que, con el pasar de los años, sigue creciendo y devorando toda posibilidad de desarrollo próspero de nuestra sociedad. Los jóvenes tienen otra manera de pensar, y es con la educación que se debe trazar nuevas rutas que ellos necesitan. El cerebro de los jóvenes hoy en día es como una porífera, siendo capaz de transformarse según sus necesidades. Continuar con el mismo método que aprendimos los nacidos hasta mediados de 1980, hará que sigan existiendo personas cuyo talento se mantiene oculto por continuar con obligaciones, y no con su verdadera pasión. Escuchemos con atención a los estudiantes, y brindémosle calidad educativa.


Referencias:

 

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